María Bárbara de Acosta, natural de Naolinco, mayor de 70 años de edad, expuesta que fue en la casa de don Nicolás de Acosta, por quien fue criada y educada, otorga que hace su testamento, manifestando que sus bienes ascienden a 2 000 pesos, nombra albacea a su marido don Joaquín Toraño, para que entre en sus bienes los venda y remate en almoneda, y del remanente que quedase, como no tiene heredero forzoso, instituye como universal heredero a José Francisco Toraño, expuesto en su casa, educado por ella y su marido.
Don Joaquín Toraño, natural del principado de Asturias, vecino de esta Villa, hijo legítimo de los difuntos don Francisco Toraño y de doña María Otero, otorga su testamento; declara ser viudo de doña [María] Bárbara Acosta, quien no llevo nada al matrimonio y él tampoco; no procrearon hijos. Señala por bienes suyos la casa de su morada, y otras dos en la esquina opuesta contigua a ésta, y todas ubicadas en la Calle de San Francisco de Paula, cuyos pisos están afectos a 180 pesos, que pertenecen a la Cofradía de la Purísima Concepción de esta Villa; tiene también otro ranchito en tierra caliente, cuyo valor de todo asciende a 2 000 pesos. Declara que debe a ciertas personas y ordena se les pague el principal. Nombra albacea a Francisco Javier Toraño, y a José Silva, para que entren en sus bienes los vendan y rematen en almoneda. Y del remanente de sus bienes nombra como su único y universal heredero a José Francisco Javier Toraño, expuesto en su casa y educado por él.