Isabel Tamayo, viuda de Diego de Salazar, vecina de esta provincia, como principal deudora, y Francisco de Cárdenas, vecino de Jalapa, su fiador, se obligaron a pagar a Juan Sánchez Pantigossa, vecino de los llanos de Ozumba, jurisdicción de Tepeaca, 182 pesos de oro común, precio de ocho camas, colchones, sábanas, frezadas, almohadas, trastes de cocina, mesas y otros aperos de la venta de Lencero, en esta manera: 91 pesos ocho meses después de la fecha de esta escritura, y los 91 pesos restantes, de allí en un año.
Isabel Tamayo, residente en su Venta de Lencero, se obligó a pagar a Jerónimo González, vecino de Los Ángeles, 250 pesos de oro común, los 150 pesos de 100 fanegas de maíz, a 12 reales fanega; y los 100 pesos, por otros tantos que le prestó en reales, para fin de octubre del presente año, esto si viniere flota; de no venir, los dará para fin de noviembre de 1617.
Isabel Tamayo, viuda de Diego Salazar, residente en la Venta del Lencero, jurisdicción de Jalapa, declaró que desde el 1 de febrero de 1616, ella y Juan Sánchez Pantigosa, vecinos de los llanos de Otzumba [Ozumba], rentaron en compañía La Venta de Lencero y se obligaron a pagar a su dueño Francisco Pérez Salazar, vecino de Los Ángeles, 250 pesos de oro común anuales; el arrendamiento fue por dos años, y al presente, han corrido tres, y solo ha pagado 450 pesos de oro común al propietario, restantes un adeudo de 300 pesos ; y por no haberlos pagado el dicho Juan Sánchez Pantigosa, ella se obligó a entregarlos al referido Francisco Pérez de Salazar, para el día de San Juan próximo venidero del presente año.
Isabel Tamayo, viuda de Diego Salazar, residente en su Venta de Lencero, dio su poder cumplido a su hija Juana de Salazar, vecina de la nueva ciudad de Veracruz, generalmente para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales, y para que pueda recibir y cobrar cualesquier maravedís, pesos de oro, plata, joyas, esclavos, mercaderías, derechos y acciones, y otros bienes que le debieren; y de lo que recibiere y cobrare, pueda dar las cartas de pago, finiquito y lasto que convengan.
El Capitán Don Sebastián de la Higuera Matamoros, residente en este ingenio, dio su poder cumplido a Luis de Aguayo, vecino de Jalapa, para que en su nombre presente ante cualesquier justicias de Su Majestad, las escrituras y recaudos de censo que tiene contra Isabel Tamayo y sus bienes, y pida mandamiento de ejecución por principal y los corridos debidos hasta hoy, la cual haga en la persona de la susodicha y de Luis Herrera, su marido.
Juan Romero, residente en este ingenio, y Luis de Herrera e Isabel Tamayo, su legítima mujer, dueños de la Venta de Lencero, se concertaron en esta manera: habiendo casado Juan Romero con Antonia de Salazar, hija de Isabel Tamayo, le prometieron cierta cantidad de pesos como bienes dotales, y para evitar pleitos, los segundos se obligaron a pagarle 300 pesos de oro común en 1 año, cada 6 meses la mitad, con las costas de la cobranza.
Concierto celebrado entre Juan Sánchez Pantigossa, vecino de los Llanos de Ozumba, e Isabel Tamayo, heredera de la mitad de la Venta de Lencero, en el cual Sánchez Pantigossa dio en arrendamiento la mitad de la venta a Isabel Tamayo, durante dos años, ganando 165 pesos de oro común anuales; de lo procedido, ella pagará 125 pesos de oro común a don Francisco Pérez de Salazar, y el resto lo destinará para reparar la referida venta. Durante dos años, él no le pedirá cuentas de ninguna cosa, pero ella tampoco lo hará del tiempo en que Juan Sánchez tuvo arrendada su mitad.
Juan Martínez, vecino de la ciudad de México, vende a Isabel Tamayo, ventera de la Venta de Lencero, en esta jurisdicción, una negra llamada Juliana, de nación Angola, de 18 años de edad, bozal, habida en buena guerra, sin asegurarla de ninguna enfermedad, libre de hipoteca, empeño, y enajenación, por el precio de 360 pesos de oro común, horros de alcabala.
Isabel Tamayo, viuda de Diego Salazar, residente en la Venta de Lencero, como principal deudora, y Alonso Martínez, dueño de su recua, vecino de Los Ángeles , como su fiador, juntos y cada uno de por sí, se obligaron a pagar al Capitán Andrés de Acosta y a Juan Martínez, vecinos de la ciudad de México, 360 pesos de oro común, precio de una negra llamada Juliana, de nación Angola, para fin del mes de marzo de 1620, todos juntos en una paga.