José Miguel Viveros, español natural de esta Villa y vecino de su rancho nombrado Los Coyoles en esta jurisdicción, declara que su abuelo Juan José Viveros dejó encargado a su hijo Nicolás Viveros, padre del otorgante, diera título en forma a favor de Cristóbal Florencio Camarillo de un pedazo de tierra que le tenía vendido y dado en posesión de cuyo valor estaba pagado, y que dicho padre del declarante le dejó el mismo encargo, por lo que otorga la presente a favor de Joaquín Camarillo, nieto de Cristóbal Florencio Camarillo, quien es el que lo posee ahora.
José Antonio, José Ignacio, María del Carmen y Rosalía Camarillo, de esta vecindad, dijeron que como sobrinos paternos de Joaquín Camarillo, que murió en edad avanzada sin sucesión ni parientes; otorgan que venden, ceden y traspasan en favor de José Joaquín Martínez y Vázquez, también de esta vecindad, un pedazo de solar eriazo, en esta villa, situado en el barrio que nombran de Cantarranas que se compone de 105 varas de frente hacia el norte, por donde linda con el caño de las aguas del molino y del otro lado, casa del obrador del maestro alfarero Juan de Meza y por donde tiene un puente y callejoncito para su salida a la calle de las Locerías o Cantarranas, entre el terreno de Meza y del finado Manuel Martínez, con 80 de fondo hacia el sur y el del oriente linda con terreno del mismo Manuel Martínez y por el del poniente, con otro terreno de los herederos de Juan Romero de Acosta, alias Terrazas. Cuyo terreno es el mismo que los antepasados de su tío compraron confidencialmente a Juan José Viveros y de que su nieto José Miguel Viveros, por encargos trasmitidos le otorgó escritura pública en esta villa a 6 de septiembre de 1798. Lo venden, para satisfacer con su monto varios créditos y gastos causados en la enfermedad y entierro del propietario, en cantidad de 150 pesos en reales de contado.
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