Cristóbal López Muñoz, vecino de la provincia de Jalapa, vende a Francisco García, oficial de herrero, y a Melchor de los Reyes, oficial de carpintero, cinco negros varones llamados Blas Angola, Juan Ventura, Francisco Angola, Lorenzo Mandinga, Francisco ladino, y una negra llamada María, con una hija de cuatro meses nombrada Magdalena, de nación Angola, por el precio de 480 pesos de oro común cada uno, horros de alcabala.
Fernando del Castillo y su esposa, Juana González, no pudiendo pagar a Juan de Sosa del Castillo, vecino de Jalapa, una escritura de obligación de 2 340 pesos, le devolvieron 24 mulas de arria y un negro llamado Francisco Angola.
Ana de Alfaro, viuda de Sebastián Méndez, vecina de Jalapa, vende a Juan Rodríguez, residente en el molino de doña Magdalena de Tejeda, en esta jurisdicción, dos negros esclavos, entre bozales y ladinos, de nación Angola y de Angico, de 22 años de edad cada uno, llamados Francisco Angola y Mateo Angico, sin asegurarlos de ninguna tacha, enfermedad pública ni secreta, sino tan solamente esclavos sujetos a servidumbre, por el precio de 430 pesos de oro común cada uno.
Juan de Sosa del Castillo, vecino de Jalapa, vende a Fernando del Castillo 24 mulas de arria con sus pertrechos de aparejo, por el precio de 60 pesos de oro común; asimismo, dos esclavos negros, el uno llamado Francisco Angola y el otro, Sebastián Congo; el primero en 500 pesos y el segundo en 400 pesos de oro común.
Don Sebastián de la Higuera Matamoros, residente en este ingenio, dio su poder cumplido a Mateo Hernández Palacios, vecino de la ciudad de Los Angeles, para que en su nombre venda un esclavo negro nombrado Francisco, Angola, de más de 20 años de edad, de su propiedad, libre de empeño y otra enajenación, en el precio y plazos que concertare.