Se tomó la razón de una pipa de vino en 6 barriles y 13 barriles de aguardiente, que Andrés de los Reyes remite a Puebla, en recua de Bartolomé Rodríguez para entregar en Puebla a Pablo de Rivera. \n
Se tomó la razón de 6 pipas de vino en 36 barriles, que lleva Juan Cano en su recua, para entregar en la Puebla a Vicente Rodríguez, a Isabel de Morales y a Bartolomé Rodríguez. \n
Bartolomé Rodríguez, mercader de negros, estante en esta Nueva España, vende a Francisco de Orduña, vecino de los Ángeles, residente en su ingenio de azúcar en esta jurisdicción, 13 piezas de negros esclavos, siete varones y seis hembras, de nación Angola, de diferentes nombres y edades, al precio de 420 pesos de oro común cada uno.
Francisco de Orduña, el mozo, estante en esta provincia, obligó a su padre Francisco de Orduña, vecino de los Ángeles, con poder expreso para ello, a que pagara a Bartolomé Rodríguez, mercader de negros, 5 351 pesos de oro común que restan de 5 460 pesos, precio de 13 negros esclavos que hoy día le vendió, para el 15 de marzo de 1609, todos juntos en una paga.
Juan Bautista Ordóñez, escribano público de Jalapa, como principal deudor, y Tomás de Soto, como su fiador, se obligaron a pagar a Bartolomé Rodríguez, mercader de negros, 490 pesos de oro común, precio de una negra llamada Lucía con un niño de 10 meses de edad, pues tan sólo le dio 10 pesos de la alcabala, para el 15 de marzo de 1609, todos juntos en una paga.
Francisco Rodríguez de Olmedo, vecino de esta villa de Córdoba, dijo que por cuanto el 4 de octubre de 1707 otorgó su testamento en la hacienda nombrada Señor San Sebastián, que fue suya, por la presente otorga codicilo de la siguiente manera: Manda que del remanente del quinto de sus bienes se dé a Gertrudis Rodríguez, mujer legítima de José Malpica, a quien crió en su casa, lo que quede después de pagar sus mandas y obras pías. Declara tener un esclavo negro criollo nombrado Lorenzo, de veintidós años de edad más o menos, el cual manda se venda y pagado su entierro y misas, lo que quede se reparta entre Rafaela, Antonia, Sebastiana y Bartolomé Rodríguez, sus nietos. Revoca el nombramiento de albaceas y nombra como tal a don Francisco Mayorga Cervantes, Cura Beneficiado de esta villa, y al Capitán don Gaspar Rendón, a este último también lo nombra como tutor y curador ad bona de sus nietos. Manda que de su propio caudal se hagan las paredes de la ermita del Señor San Sebastián, que está en esta villa, y es su voluntad que en caso de que se teche dicha capilla y se celebre el Santo Sacrificio de la misa, pide y suplica al capellán que fuere de ella le diga todos los años una misa cantada por su alma.
JUAN MORERA DE SILVA, ESCRIBANO REAL, PÚBLICO Y DE CABILDOEl Lic. Don Juan de Bañuelos [Cabeza de Vaca], presbítero, vecino de la ciudad de Los Ángeles, residente en este ingenio del Capitán Don Diego de Orduña Loyando, como albacea de Bartolomé Rodríguez, difunto, vende a Juan Zapata, vecino de Naolingo[co], una mulata esclava nombrada Andrea natural de Jalapa, de 20 años de edad, poco más o menos, que el difunto compró de Luisa Ordóñez, vecina de Jalapa, libre de empeño, hipoteca y enajenación, sin asegurarla de tacha, defecto ni enfermedad, por el precio de 430 pesos de oro común.
El Capitán Sebastián de la Higuera Matamoros, residente en su ingenio de Nuestra Señora de la Concepción, dio su poder cumplido a su mayordomo Cornelio Francisco Prite, para que en compañía de su agente Bartolomé Rodríguez, entreguen la estancia de labor nombrada Santiago, en la jurisdicción de San Juan de los Llanos, con su pertrechos de casas, ganados, aperos, semillas, y todo lo demás anexo, con los indios, gañanes y laboríos que hubieren quedado, a Benito Fernández, su mayordomo en la estancia de San Roque, linde con la de Santiago, en virtud de haber muerto su administrador Diego Vicioso.
Sebastián Rodríguez, vecino de esta villa de Córdoba y natural de ella, hijo legítimo de Francisco Rodríguez y de Sebastiana Hernández Laboracha [sic], difunta, otorga su testamento en la manera siguiente: Declara estar casado con María de Pineda, vecina de esta villa, durante su matrimonio procrearon por sus hijos legítimos a Juan Rodríguez de dieciocho años, a Francisco de quince, a Marcos de doce, a José de diez, a Rafaela de doce, a Antonia de nueve, a Sebastiana de cinco, a Bartolomé Rodríguez de dos años y al póstumo de que se halla preñada. Declara que debe a las siguientes personas: Benito Rendón, Gaspar Rendón, Isabel de Rojas, Licenciado don Diego García Calvo, a los bienes de Blas Francisco de Oropeza, a Dionisio Núñez, Andrés Manito, Domingo Martín, Juan Antonio Ibello, Antonio Borria, Antonio Milián, Antonio de Pineda, Juan Rodríguez, don Tomás, Juan de Acosta, a San José, al Santo Cristo de Otatitlán, José González Moreno, a los propios de esta villa. Nombra albaceas testamentarios a su padre Francisco Rodríguez, a su mujer María de Pineda y a Juan Rodríguez su hijo. Nombra herederos a todos sus hijos.
Bartolomé Rodríguez, mercader de negros, estante al presente en este pueblo, vende a Juan Bautista Ordóñez, escribano de Jalapa, una negra llamada Lucía, de nación Angola, de 20 años de edad, con un hijo suyo nombrado Domingo, de 10 meses de edad, marcada en el pecho, por el precio de 500 pesos de oro común.