María de la Rueda, vecina de la nueva ciudad de la Veracruz, dio poder a su esposo, Miguel Hurtado, para que venda cualesquier mercaderías, bienes raíces, muebles y semovientes que le pertenezcan y pueda obligarla de mancomún a la paga de las deudas que ambos contrajeren.
Miguel Hurtado, vecino de la nueva ciudad de Veracruz, se obligó a apagar a el bachiller Bartolomé Gutiérrez, clérigo, vecino de Jalapa, 350 pesos de oro común que restan por pagar de una escritura de 600 pesos, precio de 120 arrobas de azúcar blanca que le vendió, los cuales dará para fines de enero de 1610.
El Alférez Miguel Hurtado, vecino de la nueva ciudad de la Veracruz, y usando el poder de su esposa María de la Rueda, se obligaron a pagar a Francisco de Orduña, vecino de Los Ángeles y residente en su ingenio de azúcar, 1 913 pesos y 4 tomines de oro común de azúcares que le ha vendido, en esta manera: 913 pesos y 4 tomines para el fin del mes de abril de 1614 y los 1 000 pesos restantes de allí en un año corrido.
Miguel Hurtado, vecino de la nueva Veracruz, dio su poder cumplido a Juan de Sosa del Castillo, confitero de la misma vecindad, para que venda en su nombre, en la provincia de Jalapa, un esclavo negro llamado Juan, de tierra Bañon, bozal, recién venido de Guinea, por el precio que le pareciere y más hallare.
Juan de Sosa del Castillo, vecino de la nueva Veracruz, con poder de Miguel Hurtado, de la misma vecindad, vende a Manuel Rodríguez de Maya, vecino de Jalapa, un negro esclavo llamado Juan, de tierra Bañon, bozal, recién venido de España o Guinea, libre de hipoteca, empeño ni enajenación, por el precio de 350 pesos de oro común, horros de alcabala.