Francisco Crejenzan, vecino de Veracruz, se obliga de pagar a Sebastián Hernández, marino, residente en Veracruz, 380 pesos de oro común, los cuales son por razón de otros tantos que el susodicho le dio a guardar.
Sebastián Hernández, vecino de la Puebla de los Ángeles, se obliga de pagar a Pedro Gómez Rubio, vecino de la Puebla de los Ángeles, 50 pesos de oro común por una cota de mallas grande.
Lázaro Francisco, vecino de esta provincia, hijo y heredero de Sebastián Hernández y de Ana Díaz, vecinos que fueron de Jalapa, y como albacea de su madre, vende a Francisco Luis, vecino de Jalapa, un solar que linda con la calle Real y con solares de Manuel Rodríguez de Maya, Lucas Cardeña, y con casas de los herederos de Juan Díaz Matamoros, libre de hipoteca, empeño y enajenación, por el precio de 120 pesos de oro común.
Sebastiana Díaz, vecina de Xilotepec, viuda de Juan Ortiz de Zárate, como hija y heredera de Sebastián Hernández y Ana Díaz, difuntos, cuya herencia tiene aceptada, dio su poder cumplido a Antonio Luis, vecino de la Venta de la Hoya, para que en su nombre reciba y cobre de Luis Hernández, albacea de su madre, los pesos de oro, joyas, esclavos, y otros bienes que le pertenecen.