Tomás Cesáreo de Heredia, hijo legítimo de los difuntos Gaspar de Heredia y de Antonia Palmeros, natural y vecino del pueblo de Jalapa, casado con María Agustina Barradas, realiza su testamento, en el cual nombra como albacea a don Pedro Antonio Sibon, vecino de esta pueblo y como herederas a María Josefa, Juana, María Ignacia y Mariana Antonia, sus hijas legítimas.
Doña María Agustina Barradas, vecina de Jalapa, viuda de Cesáreo de Heredia, vende a doña María Josefa Ladrón de Guevara, un pedazo de solar que heredó de su difunto padre don Sebastián Barradas, el cual se compone de 10 y media varas de oriente a poniente y 23 varas de sur a norte, linda por lo ancho hacia el sur con solar de la vendedora, al oriente con solar de don José Antonio Viveros, al norte con solar del indio Baltazar, y al poniente con solar del difunto don Pedro Rosado. La venta se hace en 42 pesos.
Cesáreo de Heredia, vecino de Jalapa, se obliga a pagar a doña María Josefa Ruiz de Morales, viuda del Capitán don Juan Antonio de Zavalza, 1, 000 pesos, de los cuales 550 son por las mulas que le compró fiadas y los otros 450 por deudas de los mozos que trabajan con dichas mulas, cuya cantidad pagará según los viajes que vaya haciendo y cobrando.