Josefa Lagunes, vecina del pueblo de Jalapa, viuda y heredera de Mateo José Viveros, vende a José Luciano Pérez, vecino de este pueblo, una casa de palos y cubierta de tejas, junto con su solar que mide 43 varas de frente y 43 varas y 3 cuartas de fondo, linda al oriente con solar de Lucas de Campos, al norte con solar de Modesto Viveros, al poniente con la calle que sale al campo y al sur con solar de Miguel Viveros, al precio de 40 pesos.
Don Juan José y doña Mariana de Ledezma, de esta vecindad, otorgan que venden, ceden y traspasan realmente en favor de don Guillermo de Espino, una casita de paredes, cubierta de madera, ladrillo y teja, ubicada en esta villa, haciendo esquina al confín de la calle que nombran de la Pila de San Cristóbal y la de Cantarranas que atraviesa al arruinado molino de don José María de Goiri, que se compone de 19 y media varas de frente que lo hace a la primera hacia oriente y del otro lado casa arruinada del difunto don Miguel Viveros; y 32 de fondo por el rumbo del poniente, por donde linda con terreno que fue de Ana González; por el costado del norte linda con el de casa y solar de doña Andrea Dorotea Hernández; y por el del sur hace otro frente a la calle de Cantarranas y del otro lado cada de los herederos de don José Francisco Rivera. Cuya deslindada casita es la misma que a expensas fabricaron sus padres don Pascual de Ledezma y doña María Antonia del Castillo, en parte de terreno que ésta adquirió por muerte de los suyos. La venta la hace por el precio de 300 pesos al contado.
UntitledDon Manuel Hidalgo, de este comercio y vecindad, dijo que en uso del poder especial que le confirió don José Hilario Ortega, otorga que vende a favor de María Petrona de la Trinidad García, vecina de este suelo, una casita de paredes, de edificio bajo, cubierta de madera y teja, que tiene Ortega en la calle de Santiago de esta villa, a la que hace su frente hacia el sur, dicha calle en medio y del otro lado casa de los herederos de Patricio Santa de María; por su fondo, al norte, linda con el solar de Juan Guevara; por el costado del oriente con el de casa de Mariana Guadalupe Castro; y por el poniente con terreno del finado Miguel Viveros. La vende en precio de 500 pesos en reales de contado.
UntitledEl Presbítero don José Vicente de Espino, como curador ad bona de don Francisco Ciriaco de Espino y Soria, instituido y nombrado como tal por don Guillermo de Espino, su padre, en la décima cláusula de su testamento; dijo que don Francisco Ciriaco es dueño de una casa y que hallándose ella en inminente peligro de ruina y no teniendo proporciones para repararla, por hallarse su menor escaso de dinero, ha meditado que la única opción que le queda para salvar el caudal del menor, es vender la finca. Por lo cual, otorga que vende a don Jorge de la Serna, para doña Micaela Torres, doncella de esta vecindad, una casita de paredes, cubierta de madera, ladrillo y teja, ubicada en esta ciudad, haciendo esquina al fin de la calle que nombran de la Pila de San Cristóbal y la de Cantarranas que atraviesa al molino de don José María de Goiri; la cual se compone de 19 y media varas de frente, que lo hace a la primera hacia el oriente y del otro lado casa arruinada del difunto don Miguel Viveros; y 32 varas de fondo por el rumbo del poniente, por donde linda con terreno que fue de Ana González; por el costado del norte linda con casa y solar de doña Andrea Dorotea Hernández; y por el sur hace otro frente a la calle de Cantarranas y del otro lado casa de los herederos de don José Francisco Rivera. Cuya casa deslindada la hubo y compró don Guillermo de Espino, padre de su cliente, de don Juan José y doña Mariana de Ledezma y se la adjudicó al menor don Francisco Ciriaco de Espino y Soria, en parte de su legitima paterna. La cual vende en precio de 700 pesos que declara haber recibido.
UntitledMiguel Viveros, vecino de esta Villa, maestro de albañilería, vende a María Josefa García, de esta misma vecindad, una casa de paredes de lodo revocada, con pilares de cal, canto y parte de madera, cubierta de tejas, ubicada en la esquina de la calle que baja para las Locerías, haciendo esquina con un callejón que atraviesa para la calle que nombran de San Cristóbal, haciendo frente hacia el oriente, Calle de las Locerías en medio, con casa de Guillermo Orduña; por el norte linda con solar del mimo Orduña, dicho callejón que atraviesa en medio; por su fondo, al poniente, con solar de don Nicolás Fernández del Campo; y por el costado del sur con solar de Ana, conocida por la “Tachuela”. La vende en precio de 250 pesos.
Don Manuel Eugenio de Acosta, vecino del pueblo de Naolinco, curador del menor Manuel Montero, hijo de los difuntos don José Montero y Luisa Hilaria, otorga que pone a dicho menor por aprendiz de oficio de Tejero y Ladrillero, con don Miguel Viveros, Maestro de dicho oficio en este pueblo, por el tiempo de 3 años.
Don José Antonio de Acosta, de esta vecindad, otorga que vende a don José Fernández de Castañeda, un pedazo de solar con unos paredones, sito en esta villa a espaldas del rastro y carnicería, callejón en medio así al oriente, por el costado del norte linda con solar de don Miguel Viveros, por el sur con casita y solar que fue de Casimira Rangel, y hoy es del comprador, y por su fondo al poniente con solar que fue del Capitán Antonio Ribot. La vende al precio de 150 pesos que tiene recibidos de contado.
Miguel Viveros, natural del pueblo de Jalapa, hijo legítimo de Juan José Viveros, vivo y de María Bárbara Lagunas, difunta, junto con Manuela Domínguez, su legitima esposa, vecina de este pueblo, hija legítima del difunto Salvador de Domínguez y de Juana Molina, viva, se otorgan poder para testar mutuamente y se nombran albaceas, y como herederos designan a sus hijos legítimos Juana Nicolasa, Antonia María, Gregorio y Antonio Francisco.
Don José Sanchinel, hijo legítimo del difunto Agustín Sanchinel y de Ana de Ancora, viva, natural del pueblo de Pisone, del reino de Nápoles Obispado de Mileto, junto con su legítima esposa doña Faustina Escobar, hija legítima de los difuntos don Laureano de Escobar y de doña Petrona Sánchez, vecinos del pueblo de Jalapa, se otorgan poder para testar y nombramiento de albaceas, en compañía de Miguel Viveros, vecino de este pueblo, y como herederos nombran a Ana Rosalía, Francisco, Mariana y José, sus hijos legítimos.
Luis Barradas, maestro tejero, vecino de esta Villa de Xalapa, otorga que ha recibido de doña Juana Hernández, como viuda albacea y tenedora de bienes de don Francisco Barradas, la cantidad de 200 pesos, cuya cantidad recibe en depósito irregular, por tiempo de 5 años que corren desde el día de hoy, contribuyendo en cada uno con 10 pesos de réditos a razón del 5 %. Y como seguro de la deuda hipoteca una casa ubicada en la calle de Santiago con la que hace frente, al norte linda con solar de Miguel Viveros, al oriente con casa del otorgante, al poniente con la de los herederos de Justo Jiménez y por su fondo del sur con el Río de Santiago.