Francisco Pérez, natural y vecino del pueblo de Jalapa, hijo legítimo de los difuntos don Matías Pérez y doña Sebastiana Domínguez, junto con Catarina de Aguilar, su legítima mujer, natural y vecina del pueblo de Jalapa, hija legítima de los difuntos Juan de Aguilar y Antonia de Guevara, se otorgan poder para testar mutuamente y se nombran albaceas, y como herederos designan a sus hijos legítimos Antonio, María, Francisco, José, Julián y Juana.
Doña Gertrudis Antúnez, hija legitima y heredera de don Sebastián Antúnez y doña Catarina de Aguilar, dueña de unas tierras en el paraje de Mecacalco y un rancho de la Estanzuela de los Barrios, otorga poder general a don Domingo Díaz Mier, vecino del pueblo de Jalapa, para que lo defienda y demande en todos sus pleitos, causas y negocios, civiles y criminales.
Gertrudis Antúnez, hija legitima y heredera de los difuntos Sebastián Antúnez y Catarina de Aguilar, vende a don Juan Antonio de la Riva, un sitio de ganado mayor ubicado en el paraje que llaman Mecacalco y que linda al oriente con la falda del Cerro de Malacatepec, al norte con la cumbre del Cerro de Temimil, al poniente con las tierras de Zapotitlán y al sur con unas lomas que sirven de lindero al comprador, en la cantidad de 100 pesos.