Don Juan de Rivera, español y vecino del pueblo de San Mateo Naolinco, casado con doña María de Jesús de Acosta, otorga su testamento, en el cual nombra como albacea a su citada esposa, junto con su hermano don Felipe de Rivera, y como herederos a sus hijos legítimos Juan, José Antonio, Mariano, Antonio y José.
Antonio García, español, hijo del difunto Diego García, se obliga a pagar a doña María de Jesús de Acosta, mujer legítima de Bartolomé de Borja, lo que logre obtener de su cosecha de maíz, así como 21 pesos, por concepto de un adeudo de 22 cargas de maíz, que le dio la citada María de Jesús de Acosta.
Doña María Antonia Ladrón de Guevara, natural del pueblo de Naolinco y vecina de esta Villa de Xalapa, hija de los difuntos don Ignacio Ladrón de Guevara y doña María de Jesús de Acosta, otorga poder para testar a su pariente inmediato el Presbítero José Mariano Rosado. Declara fue casada con Jorge de Amaya, difunto, de quien le quedó una hija nombrada Juana Josefa Amaya, de 13 años de edad. Nombra como universal heredera a su única hija.
Don Francisco Ignacio de Herrasti, en nombre del Doctor José Suárez, Prebendado de la iglesia catedral de la Puebla de los Ángeles, junto con don Juan Antonio Espinosa, vecinos de Jalapa, revalidan un convenio que establecieron el difunto Doctor y doña María de Jesús de Acosta, difunta, madre de dicho Espinosa, el cual es su albacea, sobre permitirle colocar materiales de construcción en la entrada de la casa del difunto.
Don José de Castro, vecino del pueblo de Jalapa y dueño de recua, albacea y tenedor de bienes de los hijos del difunto don Felipe de Acosta, se obliga a tener en su poder la cantidad de 2, 269 pesos, nombrando como fiadores a Juan Romero de Acosta, Domingo Monares, don Bartolomé de Borja y a su esposa doña María de Jesús de Acosta, y administrar 4, 000 pesos y 2, 000 pesos que dio en réditos sobre fincas y que pertenecen a los herederos de dicho difunto.
Don Bartolomé de Borja, natural de la Provincia de Burgos, del final de los Reinos de Génova y residente en el pueblo de Jalapa, hijo de los difuntos don Juan de Borja y doña Juana de Borja, junto con doña María de Jesús Acosta, su legítima mujer, vecina de este pueblo e hija legítima de los difuntos don Manuel de Acosta y doña Pascuala de Acosta, se otorgan poder para testar, nombramiento de albaceas y herederos.
Don Bartolomé de Borja, natural del Burgos del final de los reinos de Génova y vecino de este pueblo de Jalapa, hijo legítimo de don Juan de Borja y doña Juana de Borja, y su esposa doña María de Jesús Acosta, hija legítima de don Manuel de Acosta y doña Pascuala de Acosta, otorgan poder para testar reciproco. Declara su mencionada esposa que fue casada en primeras nupcias con don José Filpo. Se nombran ambos albaceas junto con don Juan Antonio Espinosa. Igualmente ambos se nombran como herederos universales
Don Pedro de Senande, Notario Eclesiástico y vecino del pueblo de Jalapa, apoderado de don Jerónimo José Benítez, para la administración de los bienes del difunto don Bartolomé de Castro, vende al Doctor José Suárez, una casa y solar, la cual linda al norte con la Calle Real que sale de esta Plaza Pública hacia el Camino Real de la Veracruz y casas de Bartolomé de Borja y María de Jesús de Acosta, al oriente con casas de la viuda de Ignacio de Zárate, al sur con solares y casas de la Orden Tercera de Penitencia del Convento de San Francisco y al poniente con casas del Capitán Alonso de Alba, en la cantidad de 3, 004 pesos y 3 reales. La vende en 3 500 pesos de los cuales 3 000 pesos por mitad a censo le corresponden a los conventos de Santa Catarina y Santa Inés, 400 pesos a favor de la capellanía que ha recaído en el referido don Carlos Suárez y 100 pesos a la obra pía de la misa de Nuestra Señora de los Dolores.
Don Juan Antonio Espinosa y doña Ana Petrona de Borja, marido y mujer, vecinos del pueblo de Jalapa, ella hija de doña María de Jesús de Acosta, difunta, y él, criado en la casa de la citada difunta, ambos con poder para testar hecho a su favor por la mencionada difunta, proceden a realizar el testamento de la citada, en el cual, además del poder para testar se les nombró albaceas testamentarios en compañía de don Bernardo Ibáñez de Zuazo y Landa y herederos universales de los bienes dejados por la fallecida, asimismo, incluye la lista de todos sus bienes.
Domingo Díaz Mier, vecino de este pueblo, vende a Juan José de Castro y Casanova, Maestro de herrero, una casa de paredes y cubierta de tejas, con el sitio que le pertenece, que linda al poniente y norte con la Calle Nueva y casas de Manuel de Santa Ana, al oriente con casas de María de Torquemada y al sur con casa de María de Jesús de Acosta, en la cantidad de 360 pesos.