Juan de Sosa del Castillo, mercader, vecino de Jalapa, vende a Bartolomé de Contreras una esclava negra llamada Lucrecia, de nación Angola, de 20 años de edad, poco más o menos, por el precio de 450 pesos de oro común.
Pedro Hernández vende a Bartolomé Martín, ventero de Los Naranjos, una negra llamada Lucrecia, de nación Angola, por el precio de 430 pesos de oro común.
Bartolomé Martín, ventero de Los Naranjos, se obligó a pagar a Francisco López Enríquez o a Pedro Hernández, 430 pesos de oro común, precio de una esclava negra llamada Lucrecia, bozal, de nación Angola, dentro de un plazo de seis meses.
Juan Ortuño, vecino de Jalapa, se obligó a pagar al Capitán Miguel Pinto de Mota, mercader de negros, 350 pesos de oro común, que restan de 400 pesos, valor de una esclava negra llamada Lucrecia, bozal, de nación Angola, para fin del mes de marzo de 1620, todos juntos en una paga.
María de Ferrera [de Tévez], viuda del Regidor Juan Francisco Ramírez, como albacea de su difunto marido hace inventario de sus bienes en el cual declara tener: un solar en esta villa, que linda con [roto] calle de San Juan en medio y por el poniente con solar de los herederos de Salvador [de] Brito; una casa de vivienda de cal y canto, cubierta de zacate viejo, fundada en dicho solar, una cocina de la misma forma y un jacal viejo; un solar en esta villa, ubicado en la calle de San [Juan], que linda por el norte con solar del Capitán Nicolás Blanco y por el sur con el de Jacinto Pérez Padrón; cuatro solares de tierra junto al cerro de la Peñuela, en esta jurisdicción, y en ellos un horno de hacer cal; un negro viejo nombrado Antón de más de sesenta años de edad; una negra nombrada Lucrecia, de edad de más de sesenta años; dos solares en tierra debajo de la Lagunilla en esta villa; once mulas de recua, dos mulas de silla, entre otros bienes.
Sem títuloEl Capitán Miguel Pinto de Mota, mercader de negros, vendió a Juan García Rubio, platero, vecino de la ciudad de México, una negra llamada Lucrecia, bozal, de nación Angola, de 20 años de edad, poco más o menos, con las tachas y enfermedades que tuviere, sujeta a servidumbre, libre de hipoteca, empeño y enajenación, por el precio de 430 pesos de oro común.
El capitán Cristóbal Román, Juez de caminos, vecino de Jalapa, se obligó a pagar a Francisco Luis y a Francisco Fernández Franco, vecinos de Jalapa y la ciudad de Veracruz, respectivamente, 470 pesos de oro común, precio de una esclava negra llamada Lucrecia, de nación Angola, en esta manera: 235 pesos para dentro de ocho días, y los 235 restantes, de allí en 10 meses corridos.
El Bachiller don José Gutiérrez de Aguilar, Presbítero Domiciliario de este obispado de la Puebla de los Ángeles, en voz y en nombre de doña Juana Ramón y Espinosa, viuda del Capitán don Manuel Gómez Dávila, su albacea testamentaria y tenedora de sus bienes, y en virtud del poder que de ella tiene otorgado, vende al Capitán don Gaspar Rendón, vecino de esta villa, un negro esclavo de la hacienda de hacer azúcar nombrada San Antonio de Padua, nombrado José, que será de edad de veinticinco años, hijo de Miguel y de Lucrecia, negros esclavos de dicha hacienda. Lo vende por esclavo cautivo sujeto a perpetuo cautiverio y servidumbre, con sus tachas, vicios, defectos, enfermedades públicas y secretas, libre de deuda e hipoteca, en precio de 300 pesos de oro común en reales.
Sem títuloFrancisco Luis, vecino de Jalapa, vende al capitán Cristóbal Román, Juez de caminos, vecino de Jalapa, una negra llamada Lucrecia, de nación Angola, de 20 años de edad, poco más o menos, con las tachas que tuviere, sin asegurarla de cosa alguna ni defecto, sino tan solamente de ser esclava sujeta a servidumbre, por el precio de 470 pesos de oro común.
Manuel Hernández, tendero, vecino de Jalapa, vende a Cristóbal de Lozana Salazar, de la misma vecindad, una negra llamada Lucrecia, de nación Angola, de 23 años de edad, poco más o menos, con un hijo suyo, mulatillo, esclavo, de 5 a 6 años de edad, libres de hipoteca, empeño ni enajenación, sujetos a servidumbre, por el precio de 405 pesos de oro común, horros de alcabala.