El Licenciado Bernardo Rodríguez de Molina, Cura, Vicario y Juez Eclesiástico de la Doctrina de Naolinco, vende a Salvador de Acosta, de esa vecindad, una esclava negra nombrada Juana Macabeo de 38 años, que hubo conjuntamente con Jacinta Hilaria por mano de Pedro Velásquez de la Cadena, quien la sacó en remate público. La vende sin asegurarla de ningún vicio, defecto ni enfermedad pública ni secreta en 280 pesos de oro común que por ella le ha dado.
El Sargento Felipe de Acosta e Inés de Guevara, su legítima mujer, vecinos del pueblo de Naolinco, dijeron que uno al otro se tienen comunicado lo conveniente para hacer y ordenar su última voluntad, por lo que se otorgan poder para testar recíproco para que el sobreviviente ordene su testamento. Declaran que al tiempo de casarse él no trajo caudal alguno hasta después de la muerte de sus padres tuvo 614 pesos 7 reales de la división y partición de sus bienes, y ella no trajo dote. Durante su matrimonio no tuvieron hijos. Se nombran como albacea uno al otro, a Nicolás y Salvador de Acosta, así también se nombran mutuos herederos.
Salvador de Acosta, vecino del pueblo de Naolinco, vende a José Antonio de Acosta, mercader y vecino de este pueblo de Jalapa, una esclava de nombre María Feliciana de 25 años de edad, libre de censo, empeño, hipoteca, sin asegurala de vicio, defecto ni enfermedad, en el precio de 350 pesos de oro común.
Felipe de Rivera, arriero e hijo legítimo de Eugenio de Rivera y Juana Barradas, vecinos de Naolinco, casado con Ignacia Luis de León, otorga poder para testar y nombramiento de albaceas a su citada esposa, junto con el Capitán don Salvador de Acosta y como herederos a Isidro, Mariana y José Antonio, sus hijos legítimos.
Salvador de Acosta y Mathiana de la Peña, marido y mujer, vecinos del pueblo de Naolinco, se otorgan poder para testar, nombrándose albaceas y como herederos a sus hijos legítimos Juan José y a Miguel Antonio.
Salvador de Acosta, residente esta provincia, vende a Juan Bautista Ordóñez, escribano público de Jalapa, un esclavo negro llamado Antonio, de tierra Bran, de 13 a 14 años de edad, por el precio de 360 pesos de oro común, horros de alcabala.
Salvador de Acosta y Mathiana de la Peña, marido y mujer vecinos del pueblo de Naolinco. Ella le otorga poder general a su marido para que en su nombre pida, demande, reciba y cobre de cualquier persona que con derecho pueda y deba los pesos de oro, plata, joyas, esclavos y otros bienes que le tocan y pertenecen por herencia o en otra forma y de lo que reciba otorgue cartas de pago, finiquito y lastos con renunciación de las leyes de la entrega.
Salvador de Acosta, vecino del pueblo de Naolinco, casado con Catalina de Rivera de la Peña, hija del Capitán Hipólito de la Peña y de María de las Nieves, informa que a través de sus albaceas Sebastián Barradas y el Sargento Agustín Luis, le entregaron como parte de la herencia que le correspondía, 1, 700 pesos en reales, por lo que otorga a favor de su citada esposa, arras propter nuptias de 100 pesos de oro común.
Don Manuel de Acosta, vecino de Naolinco, vende a don José Julián Durán y Adame, de esa misma vecindad, una casa de paredes, cubierta de tejas, labrada en un solar de 40 varas, linda al norte con casa y solar de Felipe de Zárate, al poniente con solar del Capitán Salvador de Acosta, al sur con la zanja del agua y solar de Miguel Palmeros, y al oriente con solar de Juan de Aguilar, en la cantidad de 850 pesos.
Felipe de Zárate, vecino de este pueblo de Naolinco, vende a don Felipe de Rivera, vecino de este pueblo, una casa de paredes de cal y canto, cubiertas de tejas, con el sitio que le pertenece, la cual linda al sur con la calle que va para el Calvario y solar de don Salvador de Acosta y don José Durán, al poniente con solar que era de Antonio de los Reyes, al norte con solar de Pedro de los Ángeles, indio y al oriente con un callejón que baja al Calvario, dicha venta la hace en la cantidad de 780 pesos.