Hipólito Hernández, dueño de la Venta de Aguilar, El Bajo, vende dicha hostería con todo lo a ella anexo a Pedro Rodríguez Alcázar, residente en la Venta de las Vigas, al precio de 800 pesos de oro común.
Pedro Rodríguez de Alcázar, dueño de la Venta de Aguilar, se obliga a pagar a Pedro de Balza y a Tomás de Herrera, 102 pesos y un tomín, y tres granos de oro común, que son el precio de 90 fanegas y once almudes de maíz.
Alonso Gallego, vecino de Jalapa, vende a Pedro Rodríguez de Alcázar, una casa de morada en Jalapa, por precio de 90 pesos de oro común.
Pedro Rodríguez de Alcázar, se obliga de pagar a Hipólito Hernández, vecino de la provincia de Jalapa, 800 pesos de oro común a plazos, los cuales son por el precio de la Venta de Aguilar el Bajo.
Cristóbal Jiménez, vecino de Veracruz, se obliga de pagar a Pedro Rodríguez de Alcázar, ventero en la Venta de Aguilar, 33 pesos y 4 tomines de oro común, que son el precio de un caballo.
Pedro Rodríguez de Alcázar, se obligó a pagar al Lic. Cristóbal de Pedraza, beneficiado del partido de Tlacolulan, 84 pesos de oro común, precio de una mula y un macho cerrero, a 42 pesos cada una, en esta manera: 28 pesos el primer tercio, para de la fecha de esta escritura en siete meses, para de allí en otros siete meses 28 pesos del segundo tercio y los 28 pesos restantes en otros siete meses.
Pedro Rodríguez de Alcázar, dueño de la Venta de Aguilar, se obliga a pagar a Alonso Gallego, 80 pesos de oro común que son el resto de una casa que le vendió en Jalapa.
Pedro Rodríguez de Alcázar, dueño de la Venta de Aguilar, dio carta poder a Francisco Domínguez, vecino de México, para que en su nombre pueda cobrar cualesquier pesos de oro que le debieren en esta Nueva España.