Don José Antonio de Sierra, vecino de la Ciudad de Tepeaca y residente en el pueblo de Jalapa, otorga poder especial a don Cristóbal González, vecino de dicha ciudad, para que venda una casa de piedra, lodo y cubierta de azotea, ubicada en la Calle de San Francisco de Paula, en el precio y al comprador que se ajuste.
Juan González, Aparicio González y María González, hermanos, vecinos del pueblo de Jalapa, hijos legítimos de Cristóbal González y de Francisca de Yépez, venden al Capitán Bartolomé de Castro, español de la misma vecindad, una casa baja que esta en la Calle Real, hace frente con casas de Jerónimo de Acosta, al fondo colinda con solar de María Cortés, a un costado con la calle que va a los ingenios, y por el otro con solar de los otorgantes. Mide de frente 27 varas y media y de fondo 49. La venta se hace con su horno de cal y piedra en 457 pesos que se dan por entregados.
Cristóbal González, español, hijo legítimo de Andrés González y de la difunta Juana Gertrudis Rivera, vecino del pueblo de San José de Ixtapa, jurisdicción de Tepeaca, otorga su testamento, en el cual nombra como albacea y heredero a su referido padre don Andrés González.
Cristóbal González manifestó 24 botijas de vino, una carga de cacao Maracayo [Maracaibo], una arroba de azúcar, para vender en este pueblo en una tienda, y de lo que vendiere pagará la alcabala.\n
Cristóbal González, vecino del puerto de San Juan de Ulúa, dio poder a su mujer, Luciana González para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles y criminales.