Diego Morales Daza, Capitán de Infantería Española, residente en este pueblo, hijo de los difuntos Juan de Morales y Rojas, y María Daza Cano, otorga su testamento, en donde nombra por albaceas en este reino al Capitán Miguel de Urriola, junto con Pedro Grande Gracia y como heredera a su hija María Morales.
Don Simón José de Vives, vecino de este pueblo, vende a doña María Morales, vecina de la Ciudad de la Puebla de los Ángeles, una esclava china nombrada Marcela, libre de deuda, censo, empeño e hipoteca, en precio de 300 pesos de oro común.
Don José de la Calle, natural de la Villa de Soto en los Reinos de Castilla La Vieja, hijo legítimo de don Juan Antonio de la Calle Hurtado de Mendoza y de doña Ana Martínez de Otálvaro, casado con doña María Morales, a quien otorga poder para testar, en compañía del Capitán don Manuel de Olmedo, vecino de este pueblo, así como albaceas testamentarios a ambos, y como herederos universales a Mariana Josefa de 9 años, María de 7 años, Guillermo de 5 años, Simona de 3 años, Simona de 2 años y María Gertrudis de meses, sus hijos legítimos.