Ante Nicolás de Perea, Teniente de Alcalde Mayor de Jalacingo, Antonio Rodríguez Lovllo se obligó de pagar a Lorenzo de Sosa y Carvajal 315 pesos y un cuarto de oro común, por razón de 918 tablas que le vendió.
Antonio Rodríguez Lovillo, vecino de la jurisdicción de Jalacingo, dio poder a Santos Balbín, vecino de México, para que lo represente en todos sus pleitos, causas civiles, y criminales, y pueda cobrar los pesos de oro que le fueren debidos en esta Nueva España.
El Capitán Antonio Rodríguez Lovillo, y el Alférez Agustín [Rodríguez]Lovillo, su hijo legítimo, vecinos de la jurisdicción de Jalacingo, venden a la obra pía de casar huérfanas que dejó Antonio de Guevara, difunto, vecino que fue de Atzalan, y a Miguel Muñoz, escribano público del dicho pueblo y patrón de la referida obra pía, cien pesos de oro común de censo y tributo en cada un año; los cuales impusieron sobre una hacienda de labor de pan llevar, dos molinos para trigo y una venta, ubicados en la parte que llaman de Perote, con los ganados mayores y menores, pastos, abrevaderos y los demás pertrechos anexos, por razón de 2 000 pesos de oro común que les dio el Lic. Antonio de Bristan, cura beneficiado del partido de Jalacingo, en nombre del patrón de la obra pía.
El Capitán Antonio Rodríguez Lovillo, residente en su labor y molino, en el llano y pago de Perote, jurisdicción de Jalacingo, dio su poder cumplido a Alonso de Soto, capataz de la casa de la molienda, generalmente para en todos sus pleitos, causas civiles y criminales, y para que pueda cobrar los pesos de oro, joyas, mercaderías, derechos y acciones que le debieren; y para que en su nombre compre la cantidad de oro o plata labrada o por labrar que le pareciere, hasta 2 000 pesos o más si le avisare por carta misiva.
Antonio Beltrán, Inés Velázquez, Magdalena Velázquez y Margarita Velázquez, hijos del Capitán Don Antonio Beltrán y de Doña Juana Velázquez, difunta, cuya herencia tienen aceptada con beneficio de inventario, mayores de 25 años, con licencia de su padre como su tutor y curador, juntos venden a Don Juan Méndez, vecino y labrador de la jurisdicción de Jalacingo, un sitio de estancia para ganado menor ubicado en términos del desierto de Perote; de que se hizo merced al Capitán Don Antonio Rodríguez Lovillo, bisabuelo de los otorgantes, por el Virrey Marqués de Salinas; el cual está a mano izquierda, yendo por el camino del Marqués a la ciudad de la Puebla, en un puesto de piedras que corre de Oriente a Poniente, y hace una media luna hasta donde remata la Sierra Blanca; libre de censo, empeño, hipoteca y otro gravamen, en el precio de 200 pesos de oro común.