Don Antonio de Soberón, flotista de la que vino al cargo del señor Teniente General don Manuel López Pintado, otorga poder general a don Diego Antonio Giraud, vecino de la Ciudad de México, para que cobre todas las cantidades de pesos que le adeuden y lo represente en todos sus pleitos legales.
Don Juan Cordero, flotista, albacea y heredero del difunto don Antonio de Soberón, quien le otorgó poder para testar, procede a realizar inventario de los bienes dejados por el difunto Antonio Soberón.
Don Juan Cordero, flotista y residente en este pueblo de Jalapa, albacea y heredero de don Antonio de Soberón, otorga poder general a don Diego Antonio Giraud, vecino de la Ciudad de México, para que reciba, demande y cobre de cualquier persona todas las cantidades de pesos, reales, oro, plata y géneros que le deban.
Don Juan Cordero, natural de la Ciudad de Cádiz y residente en este pueblo de Jalapa, con poder para testar del difunto don Antonio de Soberón, natural de la Villa de Bilbao, en el Señorío de Vizcaya, informa que por disposición del citado difunto, solicita se funde una capellanía de misas a favor del mismo, ordenando a don Santiago de Soberón, él titulo de Capellán o en su caso a otro pariente mas cercano; dichos nombramientos los deja al arbitrio de don Francisco de San Ginés y don Cristóbal Martínez, vecinos de la Ciudad de Cádiz.
Antonio de Soberón, cargador y residente en este pueblo, otorga poder especial a Manuel de Velasco y por su ausencia a Diego Antonio Giraud, vecinos de México, para que demanden y cobren judicialmente a las personas que le adeuden cantidades de dinero, joyas u otros géneros.
Don Antonio de Soberón, flotista de la flota a cargo del señor Manuel López Pintado, otorga poder especial al Capitán don Miguel de Urriola, vecino de la ciudad de la Veracruz, para que reciba y cobre los efectos que le robaron en el mes de octubre del año 1736 en esta ciudad y puerto, ya que se enteró que atraparon a los ladrones que lo hurtaron.
Antonio de Soberón, natural de la Villa de Bilbao, en los Reinos de Castilla, hijo legítimo de los difuntos don Bernardo de Soberón y de Josefa de Guezabal, otorga poder para testar y de albacea a don Juan Cordero, vecino de Cádiz y residente en este pueblo de Jalapa, así como heredero universal de sus bienes.
Don Juan Cordero, natural de la Ciudad de Cádiz y residente en este pueblo de Jalapa, matriculado en el comercio de España y con poder para testar de don Antonio de Soberón, para realizar su testamento, de fecha 16 de abril de 1742, en el que lo nombra albacea y heredero de sus bienes, además de indicarle que realice diversas acciones con el citado testamento.