El Lic. Andrés Juárez [de Arce], Presbítero, vecino de la Puebla de los Ángeles, con poder de Ana Márquez de Amarilla arrendó a Miguel de Casanova, vecino de la provincia de Jalapa, un sitio de ganado mayor ubicado en términos del pueblo de Ixhuacán de los Reyes, junto al ingenio que fue de Tomás [de la Madriz] Alavez, por tiempo de cuatro años y al precio de cien pesos de oro común anuales.
Tomás de Madriz (Madrid) Alavez, dueño del ingenio de azúcar nombrado San Bartolomé, términos se Ixhuacán, vende a don Alonso Maldonado Gaitán, vecino de la ciudad de México, dueño de sus carros, un sitio de ganado mayor que su esposa, María Maldonado heredó de su tío Antonio de Reynoso, en la parte donde los naturales llaman el río de Zontejapan, entre dos ríos nombrados Gualatl y Tequechulatl, por el precio de 1000 pesos de oro común.
Alonso Maldonado Gaitán, vecino de la ciudad de México, dueño de sus carros, se obligó a pagar a Tomás de la Madriz (Madrid) Alavez, dueño de su ingenio, 400 pesos de oro común que restan de un mil pesos, valor de un sitio de ganado mayor que le vendió, los cuales le dará para el día de Navidad venidero del presente año, todos juntos en una paga.
Tomás de la Madriz Alavez, vecino de la provincia de Jalapa, dueño de su ingenio de azúcar nombrado San Bartolomé, en esta provincia, se obligó a pagar a Miguel López de Arenchum, mercader, vecino de la ciudad de México, 1 600 pesos de oro común que por él pagó a García de León Castillo, albacea de su padre Juan de León Castillo, a quien los debía Pedro de Garnica Girón, vecino de la ciudad de Tepeaca, en esta manera: 533 pesos, 2 tomines y 8 granos, seis meses después de la fecha de esta escritura; otros 533 pesos 2 tomines y 8 granos, de allí en otros seis meses, y los 533 pesos 2 tomines y 8 granos restantes de allí en otros seis meses.
Tomás de la Madriz Alavez, vecino de la provincia de Jalapa, dio una libranza de 191 pesos de oro común a Melchor García, vecino de la ciudad de México, para que Rodrigo García, mercader, vecino de Los Ángeles, se los pague en su nombre; de no hacerlo, el dicho Tomás de la Madriz se obligó a pagárselos más los salarios del tiempo que se ocupare en la cobranza.