Gabriel de Movellán, vecino de la ciudad de México, se obligó a pagar a Antonio de Acosta, mercader de negros, 410 pesos de oro común, precio de un esclavo negro llamado Francisco, de nación Angola, bozal, de 14 a 15 años de edad, para fines de febrero de 1610.
El Capitán José de Robledano de Cardeña, albacea de los difuntos don Jerónimo de Acosta, y de su hijo Antonio de Acosta, junto con José de Ugarte, representante de las herederas del dicho Jerónimo de Acosta, venden a José Filpo, vecino del pueblo de Jalapa, unas casas de paredes y tejas, ubicadas en este pueblo, las cuales lindan al oriente con la Calle de las Cortesas y solar de Alonso González, al sur con la calle que llaman de Tecuanapa y casas que fueron de don Luis Fernández de la Flor y Pareja, al poniente con el Beaterio y al norte con casas de los herederos de Manuel de Acosta, en la cantidad de 950 pesos.
El Capitán Bartolomé de Castro, vecino y mercader del pueblo de Jalapa, vende a doña María García de Baldemora, viuda de Antonio de Acosta, vecina del pueblo de Naolinco, 50 pesos de censo en cada año que impone y sitúa sobre todos sus bienes, especialmente sobre una casa de cal y canto que linda al frente con la Calle Real, al oriente con casa de Magdalena Josefa de la Higuera, al poniente con casa del otorgante y al fondo con solares de Ángela Cortés y Josefa de Castro; cuyo solar se encuentra libre de tributo e hipoteca y por tal lo asegura para pagarse por mitad cada seis meses, que se contarán a partir de que se imponga la capellanía que quiere fundar la mencionada María para ordenar a título de ella a su hijo Pedro de Acosta, en que lo difiere y releva en 1, 000 pesos de oro común de principal con las cláusulas que se mencionan.
María García de Baldemora, vecina del pueblo de Naolinco, viuda de Antonio de Acosta, vende al Alférez Manuel Laso Nacarino, vecino de la Nueva Ciudad de la Veracruz, una negra calimbada con una CR en el lado inferior del hombro derecho y es de las conducidas para el tráfico y asiento de negros de este Reino, que compró bozal el 31 de agosto de 1699 a Manuel Luis de Fonseca, Factor de dicho asiento, declara que después de haberla comprado la bautizó y le puso por nombre Teresa, a la que vende libre de empeño, censo e hipoteca, sin asegurarla de ningún vicio, tacha, defecto ni enfermedad pública ni secreta, en 200 pesos de oro común que por su valor le ha dado.
Doña Aldonza Clara de Vargas, vecina de Jalapa, viuda de Don Andrés Vázquez, vende a Juan de Lucena, vecino de Teziutlán, una casa de piedra, cubierta de teja, ubicada en la calle que baja de Tecuanapa y sale para el camino de los ingenios; linda con solar de los herederos de Luisa Ordóñez; y por otro lado, con solar de Juan de Quiroz, hace frente con casa de los herederos de Antonio de Acosta, en el precio de 300 pesos de oro común, de los cuales, 100 pesos serán cargados en ella a censo redimible a favor de la cofradía del Santo Nombre de Jesus, sita en la iglesia parroquial de Jalapa.
Doña María de Jesús Zorrobiaga, doncella mayor de 18 años y vecina de este pueblo, hija legítima de don Francisco de Zorrobiaga y de doña Agustina Francisca de Thormes, realiza testamento en el cual nombra como albacea y heredero a don Antonio de Acosta, vecino de este pueblo.
Don José Antonio Rincón, vecino de este pueblo de Jalapa, hijo legítimo de don Manuel Rincón y de doña María de Castro, difuntos, casado con doña María de Acosta, vecina del pueblo de Naolinco, hija legítima de don Antonio de Acosta y de doña María García de Baldemora, se otorgan poder para testar, así como albaceas testamentarios en compañía del Teniente de Caballos, don Juan José Rincón y de Pascual Sánchez de Ledesma, vecinos de este pueblo de Jalapa, y como herederos universales a sus 3 hijos.
Don Nicolás Barradas, mayor de 20 años, vecino del paraje de la Joya, otorga que ha recibido 100 pesos de don Antonio de Acosta, albacea de su padre don Juan José Barradas, y con anuencia del curador del otorgante don Juan José Lagunas, cuya cantidad es parte de su legitima paterna
Don Mariano Ramírez, vecino del pueblo de las Vigas, como fiador de su tío don Claudio Salazar, otorga que se obliga a pagar a Antonio de Acosta, como albacea de don Juan José Barradas o a don Manuel José Bellido.
Don Juan José Barradas, natural del pueblo de Naolinco y vecino del paraje de La Joya, enfermo en este pueblo de Jalapa, otorga su testamento donde declara ser hijo legítimo de don Juan José Barradas y doña María Antonia Guevara, difuntos, casado con María Guadalupe de Alarcón, a quien nombra albacea testamentaria junto con Miguel de Córdoba y don Antonio de Acosta, vecino del pueblo de Las Vigas, asimismo les otorga poder de albaceazgo para la recaudación y cobranza de los indios que le deben; nombra como herederos universales a sus hijos legítimos.