Los jueces oficiales de la Real Hacienda y Caja de la ciudad de Veracruz y puerto de San Juan de Ulúa, Martín de Artadia y Vertiz y Joan [Juan] de Echevarría, hacen saber al alcalde mayor del pueblo de Orizaba, a sus tenientes y justicias, que por orden del Virrey de la Nueva España, están procediendo a la averiguación de cualquier mercadería que de rezagos de galeones hubieren venido en el navío nombrado San Francisco Javier, Capitana de la Armada de Cartagena, y que han promulgado bando para que ningún dueño de recua se atreva a sacar de la ciudad de Veracruz mercaderías ni otros géneros sin que primero se manifiesten, vean y reconozcan por ellos y se sepa los géneros que son, a quien pertenecen y de donde vinieron; por lo cual piden que pongan cuidado en que ningún dueño de recua pase por su jurisdicción con mercaderías de Castilla y otros géneros si no llevare despacho de los jueces, y hallando sin el dicho despacho se sirvan detener las dichas mercaderías, prender las personas y embargar las mulas, dándoles aviso de ello para que ejecuten las penas impuestas por el dicho bando y las demás en que hubieren incurrido.
CASTILLA, REINO DE
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Jhoan [Juan] Pezellín, vecino de este pueblo, manifestó 300 pesos de mercaderías de Castilla y de la tierra, para vender en su tienda y de lo que resulte de la venta pagará la alcabala.
Testamento de Alonso González, vecino de Jalapa, dueño de recua, hijo legítimo de Manuel González y de Ana Jaimes, difuntos, naturales de la Villa de Lepe, en los reinos de Castilla, de donde también lo es el otorgante.
Marcos de Acosta, Agustín García, el Sargento Felipe de Acosta, Pedro Lagunes[Lagunes] y otros vecinos de Naolinco y dueños de recuas, otorgan poder especial al Capitán Nicolás de Guevara, para que en sus nombres comparezca en la Ciudad de la Puebla de los Ángeles y otras partes en donde se sacaren al pregón el flete y conducción de los azogues que llegan de los Reinos de Castilla a este reino, haciendo las posturas y pujas necesarias.
Bernardo Velázquez de Medina, dueño de recua, se obligó a pagar a María de la Cruz, viuda, mujer que fue de José de Casasola, vecina de este pueblo, 80 pesos de oro común que le quedó debiendo de un ajuste de cuentas, en razón de un arrendamiento de unas mulas que le hizo el año pasado de 1667, para la venida de la primera flota proveniente de los reinos de Castilla.