Se notificó a Juan Ruiz, persona que lleva a cargo la recua de su padre Sebastián Ruiz, vecino de Acazingo [Acatzingo], para que no baje a la Nueva Veracruz con los indios que lleva, llamados Sebastián y Diego, en conformidad con la ordenanza de 11 de agosto de 1623, que lo prohíbe desde primero de junio de cada año hasta cinco de octubre.
ACATZINGO, PUEBLO DE
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Juan de Espíndola, vecino de Acatzingo, dueño de recua, manifestó llevar en ella a la Nueva Veracruz, dos indios llamados Diego y Bernardo, asimismo el Corregidor les notificó que a los indios debe dársele buen tratamiento, no servirse de ellos contra su voluntad y pagarles por su trabajo conforme al auto de la Real Audiencia que lo ordena.
Alonso Gómez, dueño de recua, vecino de Acatzingo, manifestó llevar en servicio de su recua que dirige a la Nueva Veracruz, dos indios nombrados Diego y Jacinto. Asimismo, el corregidor le notificó de la ordenanza que prohíbe bajar con indios a la Nueva Veracruz, ni pasar con ellos de este pueblo, a partir del 1 de junio de cada año hasta el otro día después de San Francisco so pena de 200 pesos.\n
Miguel Jiménez Carralero, mulato natural originario del pueblo de Acatzingo, dueño de recua, hijo natural de Juan Martínez Carralero y de Magdalena de la Cruz, otorga su testamento, donde declara debe a distintas personas algunas cantidades de pesos como consta en su libro de cuentas; declara ser casado con Mariana Rodríguez, mulata, quien no trajo dote alguna, tiene 11, 000 pesos en casas, recua, esclavos y otros bienes muebles. Declara ser mayordomo de la Cofradía de las Benditas Ánimas, donde no debe nada. Tiene entre sus bienes 200 mulas más o menos. Tiene diferentes esclavos, entre ellos a Antonio Arroyo, negro; Manuel de Ortega, negro congo, a José hijo de la negra Catarina de Irala; de éstos manda a Chepillo, hijo de Catarina de Irala, se liberte por lo bien que le ha servido, luego de que fallezca. Nombra como albacea testamentaria y tenedora de sus bienes a su mujer Mariana Rodríguez y al Licenciado Manuel del Pozo, Presbítero, y como heredera a su mujer.
Gaspar Bermúdez, vecino de Jalapa, dueño de su recua, se obligó a pagar a Francisco Luis, de la misma vecindad, o a Domingo Suriaga, vecino de Huamantla, 40 pesos de oro común, por razón de otros tantos que un indio llamado Baltasarillo debía a Francisco Desa, vecino de Acatzingo, y él salió por fiador, dos meses después de la fecha de esta escritura.